viernes, 5 de noviembre de 2021

"La Meditación es la Medicina del Alma". Por Borja Vilaseca.



Meditar consiste en observar la mente sin creernos ni engancharnos con ninguno de los pensamientos que vayan apareciendo. No depende de nosotros si vienen o se van. Han venido sin invitación y se marcharán sin tener que echarlos. Recordemos que cada uno de ellos nos propone una historia ficticia que nada tiene que ver con lo verdaderamente real que está aconteciendo mientras meditamos: que hay un ser sentado observando la mente. Todo lo demás es ilusorio, incluso aquellos pensamientos que tienen que ver con la propia meditación. De hecho, llega un momento en que incluso desaparece el observador y solo queda una observación impersonal: la consciencia-testigo.

Recordemos que cuanto más desconectados estamos del ser esencial, mayor es la identificación con el ego. Y en consecuencia, más compulsivo y neurótico es el acto de pensar. Esta es la razón por la que al principio lo más normal es que nos sintamos muy incómodos y aburridos durante la inactividad y el silencio. En este caso, sentarnos nos servirá para darnos cuenta de que no tenemos ningún control sobre nuestra mente ni nuestros pensamientos. Y más aún: que somos incapaces de dejar de pensar. Por otro lado, también verificamos lo difícil que es al principio salir de este encarcelamiento mental. De ahí que en general hagamos todo lo posible para evitar estar a solas con nosotros mismos sin distracciones de ningún tipo. Literalmente huimos de la meditación. Lo hacemos a diario, las 24 horas del día. Y lo cierto es que cuanto menos nos apetece es cuando más la necesitamos.

De hecho, es muy frecuente que durante la meditación pensemos acerca de si «lo estamos haciendo bien» o si «lo que está sucediendo sea lo que sea es lo que debería de estar sucediendo». Así es como el ego intenta boicotearnos. Y es que esencialmente la meditación consiste en ser conscientes de nuestro proceso mental, permitiendo que la mente y los pensamientos estén como están en cada preciso momento, sin intentar cambiarlos. En la práctica meditativa, «la mejor manera de llegar a algún lugar es dejar de intentar llegar a algún lugar».

Fragmento extraído del libro
"Las casualidades no existen. Espiritualidad para escépticos".

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Imagen de 
Felisa Moratón