Al irte a dormir,
dile esto a Dios:
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Gracias por hoy tal como fue.
Gracias por lo que entendí
y por lo que aún no comprendo.
Por las puertas que abriste
y por las que cerraste para protegerme.
Confío en que tu mano
estuvo presente en cada instante,
incluso en las partes que dolieron estuviste ahí
y eso me basta.
Suelto lo que no me corresponde cargar.
Entrego cada miedo,
cada intento de control
y cada preocupación que disfracé de planificación.
No lo llevaré a mi cama esta noche
porque nunca me pediste
que cargara con ese peso sobre mis hombros.
Dame una paz real esta noche,
no solo pido sueño,
si no esa paz que no tiene explicación lógica.
Calma el ruido en la oscuridad
y sana el dolor que no puedo nombrar con palabras.
Recuérdame mientras descanso
que sigues trabajando en mi favor
y completando tu propósito en mi,
aún cuando no pueda verlo.
Como dice el salmo 4:8
"En paz me acostaré y así mismo dormiré,
porque sólo tu Señor me haces vivir confiado".
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Quien aprende a entregar sus cargas al final del día
recupera la serenidad para liderar su vida mañana
con verdadera fuerza.
Bernardo Jurado.
Foto: Ryan Hutton / Unsplash
