Si yo tuviera que pedirle perdón a alguien, sería a mi corazón.
Le pediría perdón por no haber tenido la fuerza
de marcharme de un lugar o de una persona
cuando las señales eran tan claras.
Pediría perdón a mi corazón
por cada vez que ignoré sus latidos, sus advertencias;
por cada vez que lo expuse a la indiferencia de alguien
que no supo apreciarme en su totalidad.
Le pediría perdón a mi corazón
por haberlo dejado en manos de una persona que no lo cuidó.
Perdón corazón,
por haberte forzado a seguir amando cuando ya estabas roto.
Perdón por las veces que te pedí que soportaras lo insoportable
y que esperaras lo inalcanzable.
Perdóname corazón,
porque no supe escucharte cuando me gritabas esas noches
que te estaba lastimando y desgastando.
A mi edad, reconozco que mi corazón merece mucho más,
que mi fuerza no puede ser desperdiciada en personas
que no están a la anchura del tamaño de mi corazón.
Pídele perdón a tu corazón
por no protegerlo,
por haberlo dejado que fuera quebrado en un lugar
donde nada más debió haber habido amor, respeto y reciprocidad.
Pídele perdón a tu corazón
por haberte permitido
confundir sacrifico con lealtad.
No prolongues tu sufrimiento.
El verdadero amor no te deja vacío, ni esperando migajas.
Pídele perdón a tu corazón
por tratar de meterlo en donde bien sabes que no cabe.
El valor del corazón no está en cuánto puede aguantar,
sino en saber cuándo retirarte.
Y eso se lo debes a tu corazón.
Prométele que lo vas a escuchar mejor
y que no vas a permitir que vuelva a cargar con el peso de tus caprichos.
Di, ‘yo sé custodiarlo’.
Y no le entregues tu corazón a los vampiros.
Daniel Habif
Orador motivacional mexicano.
Imagen de es.dreamstime.com
