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martes, 16 de agosto de 2011

"Atención, Atención, Atención y ... Atención".


Alejandro Jodorowsky: Historia japonesa: Un joven, queriendo aprender a manejar con destreza la espada, le dice a un viejo Maestro samurai: “¿Qué debo hacer para ser un campeón como usted?”. El viejo le responde con una palabra: “¡Atención!” “Pero, Maestro, ¿sólo eso?” “Sí, atención.” “¿Y qué más?” ¡Atención, atención!”.

Cuando no tenemos una cultura mística, nos creamos una serie de ideas complicadas sobre lo que es meditar. Creemos que hay que “meditar sobre un tema”, o bien, imaginar diferentes dioses, o proceder a una íntima crítica, o escarbar recuerdos hundidos en la memoria. En el fondo, la mejor meditación es de una gran simpleza:

Toda tu fuerza mental debes fijarla en un sólo motivo, en lo que es más importante para ti en este momento. Exactamente como cuando haces una fotografía. Es lo que puedes llamar “punto de tracción”, la mínima parte por donde arrastras al todo. En cada acción que haces, debes encontrar el punto de tracción y fijar tu atención en él para que el resto lo siga. Si no eres capaz de fijar tu atención en un punto determinado, no dominas a la totalidad y vives en la confusión.

Para cambiar la imagen artificial de nosotros mismos creada por la familia, la sociedad y la cultura, debemos lograr detener el río de palabras que inunda nuestra mente y comenzar a buscar en nuestro espíritu en plena mudez. Eso es muy, muy difícil. El Ego es una especie de animal que no cesa de palabrear, pero el Ser esencial, el alma, no habla. Ese el inmenso problema que tienen los poetas, porque la tarea principal de la poesía es expresar el silencio del alma con palabras. Cuando hay exceso de palabras, no hay verdadero amor. Las palabras no son la cosa. Si el poeta describe al amor, no nos muestra el amor sino una descripción subjetiva de lo que él cree que es el amor. Pero el amor verdadero florece en la ausencia de palabras.

Si tienes una fuerte angustia, apenas detienes el flujo de palabras que se agita en tu mente, esa angustia desaparece. Sumid@ en el silencio mental fija tu atención en lo que sientes corporalmente, hasta que encuentres el sitio donde yace la sensación que es raíz de tu angustia. Puede estar en el pecho, en la garganta, en tu sexo. Al ubicarla, acéptala sin emitir pensamientos y poco a poco deja que se vaya esfumando, tal como una nube negra que se disuelve en el cielo azul del mediodía.

Freud, en su libro “Metapsicología” habla de “pulsiones”. Impulsos que cuando no se realizan enervan al sistema nervioso. Lo que más desea el sistema nervioso es estar en calma. Date cuenta: todo lo que enerva al sistema nervioso es desagradable, y todo lo que lo calma es agradable. Las palabras agresivas, negativas, enervan tu sistema. Pero también las palabras dulces, amorosas lo enervan porque sólo son aproximaciones y no el sentimiento real. El inconsciente interpreta a todas las palabras como críticas que demuestran impotencia. La paz aumenta a medida que frenamos nuestras palabras. Eso es meditar: vaciar la mente de palabras, buscar la muda paz de tu Ser esencial y fijar en él toda tu atención.

Haz este ejercicio: Cierra los ojos e imagina algo bello, lo más bello que puedas. Ahora , con ese sentimiento, agradece a todo lo que sucede en tu cuerpo, el funcionamiento de tu corazón, la circulación de tu sangre, la energía de tu sexo, el respirar de tus pulmones, la fidelidad de tus globos oculares, la capacidad de tu carne de cicatrizar las heridas, etc… Agradece después a tus necesidades, siempre vigilantes indicándote todo aquello que prolongará tu vida. Agradece a tus deseos, que te indican donde está tu satisfacción y tu alegría de vivir. Agradece a tus pensamientos que te indican los caminos luminosos que debes recorrer.

Y por fin, agradece a tu atención, porque es ella la que te hace consciente del milagro que es todo lo existente.

Alejandro Jodorowsky.
Plano Creativo.

sábado, 4 de junio de 2011

Atención, Personalidad Tóxica A La Vista.



El blog Humanismo y Conectividad propone el siguiente catálogo de personalidades tóxicas:

1. El manipulador: Estos individuos son expertos en las tácticas de la manipulación y el manejo (a veces non santo) de las personas. Con ellos, uno puede incluso no darse cuenta de que ha sido manipulado hasta que es demasiado tarde. Estas personas ven a otras como dispositivos para obtener lo que quieren.

¿Por qué son tóxicas?: Porque buscan alimentarse de tu sistema de creencias y tu autoestima. Siempre encuentran maneras de hacer que uno haga cosas que no queremos hacer y antes de que te des cuenta, pierdes tu sentido de identidad, tus prioridades personales y tu capacidad de ver la realidad de la situación. El mundo de repente se centra alrededor de sus necesidades y sus prioridades.

2. El narcisista: Tienen una extrema sensación de auto-importancia y creen que el mundo gira en torno a ellos. No son astutos como el manipulador, pero en cambio, tienden a ser poco abiertas acerca de cómo satisfacer sus necesidades. Todos adolescemos un poco de esta toxicidad.

¿Por qué son tóxicas?: Porque están exclusivamente centradas en sus necesidades, dejando las de otros de lado. Ellos obtienen energía haciendo que uno se centre en ellas.

3. El deprimido: No pueden apreciar lo positivo de la vida. Si uno se presenta optimista ellos harán todo lo posible hundir nuestras expectativas confundiéndonos con amenazas emergentes que nos acosas por todos los costados.

¿Por qué son tóxicas?: Tienden a drenar la alegría de todo lo que los rodea. Cualquier visión optimista que se tenga es aplastada con esa negatividad que consume energía mental de todos a su alrededor.

4. El juzgador: Cuando ves las cosas de una manera ellos, invariablemente la verán de manera contraria.

¿Por qué son tóxicas?: Son como los deprimidos. Pasar demasiado tiempo en contacto con este tipo de personas puede inadvertidamente convertirte en uno de ellos.

5. El matador de sueños: Cada vez que tenés una idea, estas personas te dicen por qué no se puede llevar a cabo. Cuando lo puedes lograr, ellos tratan de tirarte abajo y sumirte en la duda.

¿Por qué son tóxicas?: Estas personas quedaron atrapadas en lo que es en lugar de lo que podría ser y por eso tienden a erosionar la confianza en ti mismo ya que bloquean las posibilidades emergentes. El progreso y el cambio sólo pueden producirse a partir de hacer cosas nuevas e innovadoras, de soñar lo imposible y de arriesgarse a lo nuevo.

6. El mentiroso: Son aquellas con las que sentimos que nunca son sinceras. Son excesivamente simpáticos y suelen tener una permanente sonrisa de oreja a oreja pero estar sobrecargados de falsedad.

¿Por qué son tóxicas?: Las personas que no son sinceras o auténticas suelen construir relaciones superficiales e interesadas. Cuando uno necesita de ellas, no estarán allí. Cuando realmente necesites una crítica constructiva, no esperes nada de ellos. Cuando necesites ayuda, no cuentes con ellos.

7. El irrespetuoso: Estas personas dicen o hacen cosas en el momento más inadecuado y en la mayoría de las veces, en forma inapropiada. En esencia, son más sutiles, pero son matones en potencia.

¿Por qué son tóxicas?: No tienen ningún sentido de los límites y tienden a no respetar tus sentimientos y tu privacidad. Suelen hacer que uno se sienta frustrado y vapuleado.

8. El insatisfecho: A ellas, nunca se les puede dar lo suficiente como para que esten bien y sean felices. Suelen tener expectativas poco realistas, siempre ven que todo a su alrededor los boicotea y nunca asumen la responsabilidad de sus propios actos.

¿Por qué son tóxicas?: Uno tiende a pasar mucho tiempo tratando de complacerlos. Suelen exigir de los demas tiempo y energía obligándote a sacrificar sus propias necesidades.
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Finalidad: libertad para elegir las personas con las que nos relacionamos, entender que cada ser que se cruza en nuestro camino tiene una lección que enseñarnos y disciplinarnos en el método de la higiene mental.
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Imagen de lamenteesmaravillosa.com